1/09/23

(Pieza escrita para el Taller de Especialización II: Redacción)

¿Si ganan la Copa, pagan la deuda?

Viernes 1 de junio de 2018

Opinión


        Hay dos cosas que no cambian nunca. Una es Messi eludiendo jugadores, dejándolos tirados en el suelo como contra Paraguay por Eliminatorias. La otra es Argentina saliendo y entrando de una crisis económica. Se viven momentos tensos, en lo que algunos dirán que es la dinámica misma de toda la vida y que siempre fue así. Pero aunque tengan un poco de razón, no podemos dejar de sorprendernos al ver cómo los problemas críticos de nuestra Nación son soslayados por la Copa Mundial de la FIFA, Rusia 2018. Esto es lo que se llama ‘clima de Mundial’.

        

        Cada cuatro años llega esta competición y hasta a los que no les gusta el fútbol se vinculan con este deporte. Quien dice que no sigue ni le interesa la selección, no está exento de escuchar un grito de gol en todas las casas y soltar una pequeña sonrisa. El equipo argentino nos representa una vez más en un Mundial y los jugadores nos transmiten otra vez las ganas acumuladas de salir campeón, como en el anterior torneo disputado en Brasil donde llegamos a una final en la que no pudimos hacernos con el trofeo. Eso quedó atrás y aunque fue un golpe muy duro para la selección, seguido de las dos finales de Copa América perdidas contra Chile, hoy azotan problemas más importantes para lo que es Argentina como país.


        Y los argentinos somos así. En un sillón frente a un televisor, con el cuerpo tenso de nervios, se nos sale el corazón del cuerpo. Y gritamos porque vemos esas injusticias que nos cobran. Y lloramos porque sabemos que no tuvimos la determinación para resolver a tiempo las oportunidades. Pero usted podrá pensar que estamos mencionando la reacción de la gente cuando vio la decisión del Gobierno Nacional de recurrir al Fondo Monetario Internacional. Claro que no, nos referimos a un simple partido de nuestra selección en la Final del Mundo de 2014 frente a Alemania. Es nuestra esencia.


        Siempre quedan vacías las calles del país en la hora del partido. Son muy pocas las veces que estas cosas suceden, por eso solo un mundial de fútbol puede lograr que una dividida sociedad se ensamble en nuevas ilusiones. Todavía no aprendimos a separar estos momentos y poner en orden de importancia la actualidad. Tal vez no nos quede más remedio que utilizar esta competición, así como lo hace el marketing y la política, como un instrumento de reconstrucción de nuestro pueblo, pensando en una unión que por lo menos persista lo que duremos en Rusia.


        “Los servicios van a tener que seguir aumentando hasta lograr llegar a lo que vale la energía”, dijo Mauricio Macri. Estamos a 13 días del Mundial, la política económica del país está en llamas y qué mejor que el torneo más popular del mundo para escudar esta situación. Si ponemos ambos temas en la balanza, nos da como resultado un desequilibrio que desespera. Empieza a pesar más la alineación del primer partido del 16 de junio contra Islandia, que la polémica frase del Presidente. Y en esta realidad, donde la luz en algunas regiones ya pasó la barrera de los diez mil pesos, los medios de comunicación no tienen otra atención que no sea el equipo que formará Jorge Sampaoli. Es cuestión de que la gente se dé cuenta por sí sola cuál acontecimiento de la realidad pesa más.


        Hay un grave problema en Argentina y es que aún no sabemos bien de qué hablamos cuando decimos el folclore. Y aclaremos que no es eso de escupir en un córner a un jugador rival. Mucho menos lo son las barras. Menos que menos las muertes dentro de una tribuna. Pero al parecer, poco a poco esto se fue naturalizando, y algunos canales deportivos en muchos de sus programas tienden a referirse a estos temas como si ya no hay más que hacer: “así somos y es nuestro folclore”. Entonces, lo que preocupa no son los medios y su forma de relatar este asunto, sino que no se nota o no hay una sociedad capaz de, con la misma fuerza que alienta a la selección, repudiar estas situaciones.


        Y es así como un sinfín de cosas quebrantan a nuestro país hoy. Tenemos que aprender a pegarle a la pelota más fuerte de como pueda pegar la realidad en cada uno de los argentinos. Hay que tirarla bien lejos, no pasársela de unos a otros, hay que jugar a otra cosa que no sólo se llame fútbol. No nos quedará más que ilusionarnos con un futuro que cada vez se tornará más utópico.


        Más allá de recordar los torneos con fines propagandísticos utilizados tanto por el fascismo en Italia en 1934, como por la dictadura militar argentina en 1978; pensemos que esta vez la participación del equipo nacional puede ser un acontecimiento positivo y relevante, como lo fue para Alemania con la obtención de la Copa del Mundo en 1954, siendo uno de los momentos claves para la recuperación de ese país tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial. No nos queda más que soñar, estamos viviendo con dificultades en lo futbolístico y en lo económico, pero tenemos que sortear esta realidad que nos sacude. No sabemos cómo hacerlo ni quién lo hará, pero siempre salimos, por arte de magia o por uno que lleva la 10 en la espalda. Tenemos que saldar estas idas y vueltas; este “38 a 38”; esta “grieta” que se agranda y esta crisis “que ya pasó”. Jugadores, tenemos un cúmulo de deudas por cerrar, traigan alegría al país.

 

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